Otro ángel maravilloso entro en mi vida, Cecilia Campoverde una profesora de FAU. Ella escribió un proyecto llamado “The Guatemala Project”. Ella había adoptado a una ciudad completa que tenia que ser relocalizada después de una inundación que dejo el huracán Mitch. Su grupo estaba construyendo una escuela, una clínica y una casa para albergar a los médicos cuando venían a hacer sus visitas a la clínica. Ella pudo colectar suficientes fondos para fabricarle a todas y cada una de las familias una mesa y sillas para que tengan un lugar donde comer. El proyecto también hace pequeños préstamos para ayudar a los residentes a comenzar sus propios negocios. Uno de estos fue una tienda de bicicletas. Le he enviado 175 bicicletas en varios años. Algunas fueron para darle un buen comienzo a la tienda de bicicletas y el resto para ser distribuidas a la comunidad.
He recibido colaboraciones de los lugares más inusuales. Una familia decidió no intercambiar regalos en una navidad y a cambio me donaron el dinero que hubiesen gastado en sus regalos. Un grupo de niñas en el barrio tuvieron una venta de limonadas para colectar dinero y bicicletas para mi. Una clase de cuarto grado hizo trabajos pequeños para colectar dinero y ayudarme en una navidad. Un grupo de bomberos vino y me ayudo a ensamblar bicicletas nuevas un año para la época navideña. Muchos empleados del edificio de oficina de Bellsouth tuvieron un proyecto y recogieron más de 100 bicicletas en varias ocasiones para ayudar también.
El más conmovedor vino de una madre de un joven que había fallecido prematuramente. Su hijo adoraba su bicicleta y ella me comento que siempre estaba de lo más feliz cuando la montaba. Ella me obsequio su bicicleta para que así su espíritu continuara en otro niño.
Un año, tuve una mala herida en un dedo del pie pero deje el hospital para poder terminar de arreglar las bicicletas para navidad. Recibí cientos de cartas con tarjetas de oraciones y cartas de buenos deseos de gente que quería ayudarme a que me recuperara para que pudiera continuar con mi trabajo.
Cuando tuve el local grande muchos milagros ocurrieron. Los niños venían después de la escuela a trabajar o solo a saludar. Algunas veces venían a mi con los problemas que les preocupaban y me hablaban de ello. Esta fue una gran experiencia espiritual para mí. Algunos venían solo a escoger una bicicleta mientras que a otros les gustaba arreglarlas o ayudar a los otros niños que no las podían reparar ellos mismos. Algunos escogían una bicicleta bastante dañada y repararla para un amigo en especial y yo les dejaba que la obsequiaran.
Algunos de estos muchachos estaban destinados a una vida de crimen y pandillas. El local de bicicletas les permitió desarrollar su autoestima y repentinamente las pandillas ya no fueron un problema.